Vasquida García fue una sanadora gallega que vivió en el siglo XVI en las cercanías de Pontevedra, conocida por sus prácticas como sanadora y por las propiedades curativas que atribuían a las hierbas medicinales con las que trabajaba. En un tiempo marcado por la desconfianza hacia las prácticas populares de curación y por la fuerte intervención de la Inquisición en la vida social y religiosa, su actuación llamó la atención de las autoridades religiosas, que la consideraron sospechosa de “magia” y “brujería”.
Tras ser detenida y sometida a interrogatorios, Vasquida llegó a autoinculparse bajo presión, afirmando tener pactos con el demonio, algo que acabó agravando su situación judicial. En 1579 fue llevada delante del Tribunal de la Inquisición de Santiago de Compostela, negó las acusaciones en juicio y fue finalmente condenada por “supersticiónes, conjuros y brujería”, siendo represaliada severamente y quemada en la hoguera. Su memoria fue recuperada como parte de la iniciativa de visibilización de mujeres gallegas relevantes, con una calle en Pontevedra que lleva su nombre en reconocimiento simbólico de su historia y de la huella de las mujeres en la memoria colectiva.