Maruxa Fandiño Ricart fue una figura muy querida en la memoria popular de Compostela, conocida junto a su hermana Coralia como As Marías, protagonistas de uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad. Con su paseo diario por la Alameda, vestida con colores vivos, maquillaje llamativo y una actitud alegre y teatral, Maruxa transformó el espacio público en un escenario de libertad y expresión personal, rompiendo con la monotonía moral y estética de la posguerra. Su presencia impactante, entre la provocación y el humor, acabó convirtiendo su imagen en un gesto de resistencia cotidiana contra las restrictivas normas sociales de su tiempo.
La vida de las hermanas estuvo marcada por la represión política y las dificultades económicas que afectaron gravemente a su familia, circunstancias que condicionaron su trayectoria vital. Sin embargo, lejos de esconderse, Maruxa optó por reivindicar su identidad a través de la visibilidad y la complicidad con la gente de la calle, construyendo una relación afectiva con la ciudad que la acogió como parte de su paisaje humano. Hoy se la recuerda como un icono popular y un símbolo de dignidad, memoria y rebeldía, honrada en esculturas, relatos y en la memoria colectiva de Santiago de Compostela.